Esta
historia parecerá triste, dependiendo del punto en que la mires. La vida nos
trae a personas que dejan huellas invaluables, pero como el tiempo marchita a
una rosa, tal y como el tiempo se lleva las hojas, el destino se lleva a esas
personas, sin darnos razones algunas.
Al
suceder tal infortunio, o muchos otros ¿Quien sabrá?, hay fuentes poderosas
para evadir la triste realidad, una de ellas son los libros, aunque pueda
sorprender, ¿no es acaso el quijote quien perdió la razón en ellos?, ¿no es
acaso prospero exiliado de su propio reino por ellos?, ¿acaso los bomberos no
quemaban los libros en un futuro cercano por hacer pensar a la gente?, si mi
amigo, es así.
Esta
historia en particular, sucede algo parecido, por que es mi libro, en el que
abstraía, en el escribí mi vida con la mujer mas bella que haya visto y en el
guarde fotos y objetos de los años dorados de nuestras vidas, en los años en
que mi vida estaba completa.
Noche y
día pasaba sentado en mi casa, recordando los momentos con ella, cuando
salíamos a bailar, cuando íbamos al cine, a cenar, en fin, momentos preciosos
de nuestras primeras miradas, aun desconocidos uno del otro, pero intrigados en
conocernos. Guardo el recibo de los sofás que compramos, cuando construíamos
nuestro hogar, escogiendo el color de
las paredes, buscando la alfombra correcta, detalles que antes parecían tontos,
pero ahora me doy cuenta cuanto empeño ponía ella, a cada rincón de esta casa
para hacerla acogedora, para conquistarla hasta hacerla nuestra.
Pasamos
gloriosos días, pero nunca pudimos tener hijos propios, ese fue nuestro dolor.
Mi bella mujer, se sentía incompleta, según ella no servía en su género, pero
para mí, con o sin hijo, este espacio era un hogar, pues todo contenía nuestra
unión. Adoptamos un hijo, ella estaba tan feliz, todo ese amor reprimido de
madre lo desbordo en esa pequeña criatura, pero no todo dura para siempre, las
aves deben volar del nido, y nuestro hijo no fue la excepción de la regla,
cuando se fue volvió el silencio pero también su vacío.
Cuando el
destino trágico se llevo a mi Cleopatra, mi musa, mi Beatriz, mi Dulcinea, mi
Julieta. Fue tal el dolor, que ni los mismos santos podían arrancarme tal
tormento.
El libro
fue mi placebo en ese tiempo de sufrimiento, y así pase días y noches entre mis
recuerdos de dicha, entre las risas y caricias, en mi mente no había mayor
dicha que el tiempo que pase con ella. La
conocí a los 20 años, un día de otoño, fue en la fiesta de un amigo, la vi tan
radiante, sonriendo como siempre, tan dulcemente, llevaba un vestido blanco, el
pelo suelto se menaba con la brisa. Entre copa y horas nos fuimos acercando,
miradas cruzadas nos dieron a entender que ambos nos atraíamos, hasta que llegamos frente a frente y
comenzamos a charlar, conversábamos y reíamos, hasta que se hizo tarde. Me
ofrecí a llevarla en mi auto y a su amiga también, nos despedimos y en el
momento que me quede solo en el auto, me di cuenta que ella era todo lo que
quería.
Por
Dios que la extrañaba, recordaba cada día que pasamos, para
mí era un gozo despertarme cada día a su lado. El hogar no era tal sin ella, me
faltaba su esencia. Sentir como hacia al desayuno, como cantaba mientras
cocinaba, como danzaba al sacudir, las conversaciones en la mesa, las peleas
tontas por el televisor, como me sonreía a través del espejo, como se arreglaba
antes de salir, su tono de voz cuando me retaba, como se burlaba y me decía “te
lo dije”, verla sentada en el sofá leyendo en las noches y arreglaba el jardín
en las tardes, como se traspasaba el calor
de sus manos a las mías cuando paseábamos tomados el uno del otro. ¡Sus ojos!,
de ese pardo tan singular, como se transformaban verdes al llegarle la luz, y
como me miraban, ese destello que me tranquilizaba. Los gestos que tenía, que
dulces eran, su sonrisa coqueta, con el lunar justo arriba de su labio superior
al lado izquierdo. Era tan perfecta, pero no para cualquiera, era perfecta para
mí, como si los dioses la hubieran hecho pensando en mí, como si el oráculo la
hubiera puesto en mi camino y nuestros destinos estuvieran forjados para estar
juntos. El mismo que irónicamente se burlo al arrebatármela de mi lado.
Un día volvió a mí del más allá, los dulces
dioses escucharon mis lamentos y por lastima me la devolvieron. Volví a estar completo, volví a ser feliz, volví
a vivir.
Un día mi hijo me vino a visitar, y le comente lo que paso, llame a mi esposa.
-
Mira amor, lo grande que esta
nuestro hijo
-
Papá, ¿donde esta?
-
Aquí, al frente tuyo
-
Mira yo sé que tu la extrañas, pero
yo no la veo, ella murió y no podrá volver nunca, sé que es doloroso, para mi también
lo fue al inicio, pero lo supere y tu debes hacer lo mismo, ya a pasado tres
años desde su partida, si necesitas ayuda profesional, la buscaremos juntos, yo
si estoy aquí para ti.
-
Ok
Si mi hijo no podía
verla, entonces los dioses solo me la dieron a mí, por que vieron que yo si la
amaba de verdad, que yo fui quien la lloró sinceramente, que nunca la iba a
dejar atrás, por eso solo yo podía verla.
Pero claro ahora
ustedes llegan hablándome de locura. Yo viva en dicha, con nuestro secreto, me
dicen que alusión por la vejez y la melancolía, pero yo sé que no es así, es el
regalo de los dioses por mi puro y devoto amor, y además les pregunto, si lo
estuviese ¿Qué importa?, soy feliz, vuelvo a vivir, a sonreír, vuelvo a danzar
mis piezas de vals con ella, vuelvo a charlar con ella hasta quedarme dormido,
vuelvo a sentir su cálida piel junto a la mía, vuelvo a perderme en sus ojos y
en sus besos, vuelvo a sentirme completo. ¿Acaso esta mal?, ¿esta mal ser feliz?,
¿Qué daño hago?, ninguno ¿que importa si estoy loco o cuerdo mientras pueda
tener a mi amada al mi lado?, mientras pueda ser feliz con ella, me importa un
carajo mi estado mental, estoy feliz y mi casa vuelve a ser un hogar.
Si don quijote fue
feliz mientras perseguía sus aventuras, ¿Por qué corregirlo?, ¿Quién sabe si lo
que es real o no?, ¿Hamlet veía el fantasma de su padre? ¡Que importa hay cosas
que no tienen explicación!, es mejor así, ser feliz en ella y no corregirlas, y
no quiero que me corrijan, por eso lo explico, quiero ser feliz como estoy,
quiero ser feliz con mi ilusión, ¿Por qué negarle a Don quijote su Dulcinea? ¿Por
qué separar el amor? Prefiero morir en mi locura que vivir en la fría realidad.
Les digo esto para
que comprendan la opinión que según la sociedad clasificaría como loco, yo lo
llamo ser feliz, pero poco importa esto ya que ustedes no me creen, y a mi me
importa un cuerno lo que pienses mientras no destruyas mi vida, y me dejen ir a
mi hogar, a seguir llenando mi libro con ella. A seguir inundando felicidad en nuestras vida.